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La Masacre de
Ponce
21 de marzo de 1937 Por Yvonne Sanavitis
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El 19 de marzo de 1937, en el periódico “El Mundo”, los nacionalistas anunciaron el programa de los actos del Desfile de los Cadetes de la República que se llevaría a cabo el domingo 21 en el pueblo de Ponce. Parte del texto del anuncio es el siguiente: “2 p.m. Concentración de las Divisiones del Ejercito Libertador del Distrito de Ponce y pueblos adyacentes, que desfilarán por las calles principales de Ponce”. El primer
puertorriqueño nombrado Jefe de la Policía Insular de Puerto Rico, el
Coronel Enrique de Orbeta, se trasladó a Ponce el mismo día 19. Una vez
allí, le ordenó al Capitán Felipe Blanco, Jefe de la Policía del Distrito
de Ponce, que detuviera el desfile porque iba a ser una parada militar. Al salir de la reunión, Orbeta ordena destacar en Ponce, como refuerzos, a policías de otros pueblos de la isla armados con carabinas y sub-ametralladoras. En Ponce había 42 policías asignados y trajeron 47 de otros pueblos. La determinación que hizo el gobernador Winship fue que la organización Cadetes de la República o Ejército Libertador era una organización de carácter militar y que, por lo tanto, se trataba de una actividad ilegal. Esa decisión le daba al gobierno la facultad de impedir la celebración de la parada. Y eso fue lo que hizo el gobernador. El domingo 20 por la mañana llamó al Coronel Orbeta y le ordenó que suspendiera la parada. Es así que el Coronel Orbeta se comunica con el Capitán Felipe Blanco para darle la
orden de suspender la parada. En la declaración del
Capitán Blanco en el juicio que se celebró sobre los sucesos del Domingo
de Ramos, éste testificó que se reunió con Plinio Graciani, líder
nacionalista, el día 20 a eso de las dos de la tarde para notificarle que
habría policías armados con carabinas y sub-ametralladoras destacados el
domingo en el área donde se iba a celebrar la parada nacionalista. Después
de la reunión, Blanco ordenó traer refuerzos de su distrito, el cual se
componía de diez pueblos.
Esa mañana comienza a ocurrir una serie de eventos, malos entendidos, errores de juicio y malas decisiones e intenciones que culminan en el Domingo de Ramos del 21 de marzo de 1937 que se conoce en la historia de Puerto Rico como La Masacre de Ponce. El domingo por la mañana, a eso de las 10:30 AM., Plinio Graciani va a la oficina del alcalde y recoge el permiso prometido. Mientras tanto, el Coronel Orbeta se traslada a Ponce por segunda vez durante ese fin de semana y habla por teléfono con el alcalde y le dice que él no podía otorgar ese permiso porque el gobernador Winship había dado instrucciones de no dar este tipo de permiso. Hacia el mediodía el Coronel Orbeta va a la alcaldía y se reúne con el alcalde Tormos Diego. Es entonces que el alcalde le informa que él ya les había otorgado el permiso a los nacionalistas para llevar a cabo su actividad. Añade que los dirigentes nacionalistas le habían prometido que la parada se llevaría a cabo en perfecto orden y sin alterar la paz. Los nacionalistas no
tenían que pedir permiso alguno porque de acuerdo a las leyes del país no
se necesitaban permisos para celebrar desfiles o actos públicos en parques
o plazas de la isla. Estas pertenecían al pueblo. Las autoridades
municipales sólo tenían el derecho a coordinar esas actividades, pero no a
prohibirlas. En realidad, la petición fue más que nada un acto de cortesía
para con el alcalde Tormos Diego por parte de los nacionalistas. Mientras el alcalde llamaba al Coronel Orbeta para decirle que había decidido cancelarles el permiso a los nacionalistas, el secretario del alcalde les entrega en las manos a los nacionalistas la revocación del permiso. Tormos Diego ofrece como excusa para cancelar que ese día era Domingo de Ramos, un día de fiesta religioso, el comienzo de la Semana Santa y la iglesia no quería actividades que interrumpieran las ceremonias religiosas. Hacia el mediodía, el liderato nacionalista regresa a hablar con el alcalde y le dicen que no van a suspender la actividad. Añaden que la gente que venía para participar y/o ver el desfile ya estaba en Ponce, ya que era pasado el mediodía y la parada estaba anunciada para las dos de la tarde. Luego de la entrevista con el alcalde, Lorenzo Piñero y Plinio Graciani regresaron al área del desfile y vieron al Coronel Orbeta y al Capitán Blanco cerca de la Escuela de Enfermería que localizada frente al local de la Junta Nacionalista en la calle Aurora. Les pidieron una reunión y el Coronel Orbeta accedió a verlos en el Cuartel de la Policía. Allí sostienen una conversación que dura casi una hora. Durante la misma, Orbeta les dijo que la parada no se podía dar tal y como se había anunciado, porque constituía una violación a las leyes insulares y federales, ya que se trataba de una actividad militar. Les aconsejó que cambiaran la parada para otro día. Incluso se ofreció a ayudarlos a organizarla. Los nacionalistas le aseguraron a Orbeta que no habría desórdenes. Dijeron también que la parada era de carácter civil y que tenían derecho a celebrarla porque no había ninguna ordenanza municipal que prohibiera este tipo de actividad. Orbeta les dice que tiene órdenes superiores de no permitir la parada. A las tres de la tarde y en cumplimiento con las órdenes del Coronel Orbeta, los policías habían ocupado sus lugares en las calles que rodeaban el local de la Junta Nacionalista. Había tres grupos. Todos estaban armados con rifles, carabinas, sub-ametralladoras Thompson, gases lacrimógenos y sus armas de reglamento. El jefe Soldevila estaba en la esquina de las calles Aurora y Marina con catorce policías armados. Sus instrucciones eran no dejar que los cadetes de la República se formaran para iniciar el desfile. El jefe Bernard estaba con un grupo de policías al lado opuesto de Soldevila, en la calle Aurora en dirección a la calle Concordia con órdenes también de evitar el desfile. El destacamento de los policías comandado por el Jefe Pérez Segarra estaba en la calle Jobos esquina Marina frente al Hospital Doctor Pila. Otro grupo, también bajo su mando, se colocó detrás de los cadetes que estaban en fila en la calle Marina. Los nacionalistas estaban totalmente rodeados. El Coronel Orbeta declaró en el juicio sobe los sucesos que se les cerraron todas las avenidas de escape y sólo podían moverse hacia el edificio de La Junta. Después de la reunión con el Coronel Orbeta en el Cuartel de la Policía de la calle Molina, el liderato nacionalista compuesto por Lorenzo Piñero, Julio Pinto Gandia, Castro Quesada y Plinio Graciano regresan a la Junta Nacionalista y, una vez entran allí, deciden seguir adelante con el desfile.Al mismo tiempo, el Coronel Orbeta decide dar una vuelta por el pueblo. El Capitán Blanco, quien lo acompañó declaró en el juicio que el Coronel le dijo: “Vamos a ver cómo están los ánimos”.
Alrededor de las 3:30 PM el corneta de los cadetes sonó un clarín y los cadetes se formaron de tres en tres en filas como de veinte hasta que había como sesenta frente al la Junta Nacionalista en la esquina de las Calles Marina y Aurora. Los cadetes vestían un uniforme con pantalón blanco, camisa negra, una gorra negra y, el la manga izquierda, una cruz de Calatrava. Al frente de la columna estaba el Capitán de los Cadetes, Tomás López de Victoria, quien fue herido durante el tiroteo. Las jóvenes formaban el Cuerpo de Enfermeras, tenían uniformes blancos y marchaban detrás de los jóvenes. Al final estaba la banda compuesta de cinco o seis músicos. Los familiares de los cadetes y otros nacionalistas que habían venido a ver el desfile eran fáciles de identificar porque usaban una insignia. La policía no dejaba pasar a nadie que no estuviera relacionado con los nacionalistas al área comprendida entre las calles Marina, Aurora y Jobos. Así que había un gran grupo de personas-hombres, mujeres y niños- reunidos en la esquina de las calles Aurora y Marina, casi frente al local de la Junta y otros que entraron al local. La banda tocó La Borinqueña, el himno nacional de Puerto Rico. El público aplaudió. Los dirigentes nacionalistas también oyeron la música y salieron del interior del Club Nacionalista para ver lo que estaba pasando. Los cadetes iban a empezar a marchar. Tomás López de Victoria dio la orden de pararse en atención. En su declaración, el Jefe Soldevila dijo que cuando oyó la música, le ordenó a un policía que fuera a ver qué pasaba. El policía le dijo que los cadetes se estaban formando para marchar. Soldevila había recibido órdenes del Coronel Orbeta de no dejar marchar a los cadetes. Los policías se pusieron en posición de disparar. Soldevila se acercó a los cadetes, levantó sus dos brazos aguantando un foete con las manos por los extremos y les dijo a los cadetes:” Muchachos no pueden seguir”. Entonces sonó el primer disparo. En seguida el jefe Pérez Segarra dio la orden de disparar a los policías armados con gases lacrimógenos, revólveres, rifles y ametralladoras que estaban formados detrás del grupo de cadetes. La andanada de balas de la policía causó una gran confusión entre todas las que personas que estaban en el área. La gente corría en distintas direcciones; unos chocaban con otros; otros caían al suelo muertos o heridos mientras los policías le disparaban a la multitud indefensa.
El Capitán de los cadetes, Tomás López de Victoria, fue herido y se refugió en el interior de la Junta. Una señora nacionalista, a quien la policía había herido, también fue llevada al local de la Junta. Carmen Fernández declaró que vio al cadete que llevaba la bandera de Puerto Rico caer herido. Ella estaba parada en la puerta de la Junta y se tiró a la calle para ver si podía recoger la bandera. Entonces, un policía se lo impidió y ella también cayó herida. En su declaración, la señora dijo:" Yo caí herida al suelo y le decía al policía: ’no sea cobarde, no me tire más, lléveme presa’ y él me decía: ‘a ustedes hay que matarlos como a perros.' " Esta señora estuvo cuatro meses en hospital recuperándose de las heridas que sufrió ese día. Después que se terminó el tiroteo, el Coronel Orbeta y el Capitán Blanco regresaron a la esquina de las calles Marina y Aurora. En apenas media hora el saldo fue diecinueve muertos y como doscientos heridos. Murieron dos mujeres; una señora a quien también le mataron al marido ese día y una jovencita de catorce años que venía de la iglesia ese Domingo de Ramos. La niña se llamaba Georgina Maldonado. Un mensajero que trabajaba en la alcaldía testificó que estando en la acera de la Clínica Dr. Pila:"...vi a un policía que remataba con su revolver a una niñita que estaba en el balcón, ya en el suelo…era la más grandecita de las que estaban allí…le descargó el revólver encima.” Murieron tres nacionalistas y tres cadetes de la República. Entre los cadetes se encontraba Bolívar Márquez, a quien el folklore ponceño le atribuye haber escrito con su sangre la frase: “Arriba la República, abajo los asesinos + + +” seguida de tres cruces en una pared del Hospital Dr. Pila. Seis hombres que se encontraban en los alrededores también fueron abaleados. Uno de ellos era un miembro de la Guardia Nacional que regresaba de hacer ejercicio. Otro estaba cambiando una goma en un garaje cerca del área. También fue asesinado un chofer de carro público que pasaba por la calle Aurora en su automóvil. Un matrimonio ponceño también murió víctima de la policía; ella, a macanazos; él nunca se recuperó de los tiros que recibió ese día y murió algunos meses después. Un comerciante de Mayagüez y unos de sus hijos fueron abaleados mientras estaban parados en la entrada de una zapatería que quedaba al lado de la Junta. Y finalmente, dos policías que murieron por el fuego cruzado de las armas de sus propios compañeros.
Al otro día del tiroteo, el 22 de marzo, el Gobernador Winship hizo unas declaraciones a la prensa en las que hizo responsables a los nacionalistas de la tragedia. Ese mismo día también hizo su informe preliminar el fiscal de Ponce, Rafael Pérez Marchand. En él señala que había acusaciones contra 23 nacionalistas por motín, portación de armas, intento para cometer asesinato y asesinato. El fiscal Pérez Marchand también ordenó el arresto de cuatro policías. El Gobernador Winship lo desautorizó alegando que no se podía ordenar el arresto de policías sin el consentimiento del Procurador General. Además le ordenó a Pérez Marchand que arrestara a más nacionalistas. Fue en ese punto que el fiscal le renunció al gobernador. Ese fue un acto muy valiente porque significaba que se estaba echando de enemigo al gobernador. El gobernador nombró a un fiscal especial para archivar las acusaciones de los cuatro policías con la excusa de que no había pruebas para sostener las mismas. Como consecuencia, ningún policía fue acusado de nada de lo que pasó en Ponce ese Domingo de Ramos. La investigación del gobierno encubrió las acciones de la policía.
Como todo el país había visto las fotos de lo que pasó en los periódicos, El Mundo y El Imparcial, la opinión pública obligó a investigar el hecho para determinar quiénes habían sido los responsables, sobretodo, si el gobernador era responsable de la matanza. De hecho, El Imparcial estuvo sacando la foto del primer disparo un mes entero, todos los días. Pero el gobernador Winship había logrado, antes de 1937, revocar la ley que autorizaba a investigar y procesar a los funcionarios públicos, incluyendo al gobernador. Por eso cuando un grupo de ciudadanos de Ponce pidió una investigación del gran jurado para adjudicar responsabilidades en el caso, los jueces de distrito de Ponce denegaron la petición. Sin embardo, La Comisión de Derechos Civiles de los Estados Unidos organizó un Comité presidido por el señor Arthur Hays, miembro de la Unión Americana de Libertades Civiles de los Estados Unidos. El resto de los miembros de la Comisión eran prominentes puertorriqueños. Se reunieron en la Casa Alcaldía de Ponce en mayo de 1937. Fueron a declarar ante la Comisión miembros del Partido Nacionalista, sobrevivientes y miembros de la Policía de Puerto Rico. La Comisión encontró que los policías rodearon a los cadetes, encerrándolos por los cuatro lados. Que la policía no dejó lugar para que la multitud se pudiera dispersar. Y, por último, que los cadetes no portaban armas. No hay evidencia para asegurar que lo sucedido el 21 de marzo de 1937 fue una conspiración entre la policía y el gobernador de esa época, Blanton Winship. Pero el Presidente Roosevelt de los Estados Unidos lo destituyó de su cargo en mayo de 1939 gracias a las denuncias del congresista Vito Marcantonio. Antes, en abril de 1937, el representante John T. Bernard de Minnesota habló en el Congreso y describió lo que había pasado el Domingo de Ramos, 21 de marzo de 1937 en Puerto Rico. La Comisión Hays
explica en parte los sucesos trágicos de ese día al señalarque la libertad
no puede subsistir si la policía desarrolla una psicología de hostilidad
contra un grupo de ciudadanos. Ese día en la esquina de las calles Marina
y Aurora había mucha hostilidad entre la policía y los nacionalistas
porque había una historia de confrontación entre los dos grupos que estaba
muy fresca en la memoria de todas las partes. Albizu había sido condenado
injustamente a diez años de cárcel en una prisión Federal y para el 21 de
marzo todavía estaba en Puerto Rico esperando que su trasladó allá.
También la policía había asesinado a varios nacionalistas y éstos a su vez
asesinaron al coronel Riggs, Jefe de la Policía de Puerto Rico en febrero
de 1936.
Marcantonio, Vito: Five years of Tyranny.
Record del Congreso
de los Estados Unidos, 14
de agosto de 1939.
Medina Vázquez,
Raúl: Verdadera historia de la Masacre de Ponce, San Juan, PR,
2001.
Pérez Marchand, Rafael V.:
Reminiscencia histórica de la Masacre de Ponce, San Juan, PR, 1972. |