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Francisco
Oller (1833-1917) quien nació casi cien años después que Campeche
demostró un talento excepcional desde los doce años, que el estudio de la
obra de los grandes maestros europeos ayudó a desarrollar. Todavía bajo
las influencias que habían dominado las escuelas de pintura de la época,
Oller hizo mucha de su primera obra para las iglesias y las órdenes
religiosas. Cuando su obra llegó a la madurez, se interesó en los paisajes
y retratos. En 1851, Oller viajó a Madrid para proseguir sus estudios e
ingresó en la Academia San Fernando donde estudió con Federico Madrazo, el
pintor más importante de la época. Entre
1858 y 1865,
Oller
se estableció
en
Paris donde estudió con
el pintor académico,
Thomas Couture por tres años.
Más tarde se interesa en la vanguaria al punto de referirse a sí mismo
como discípulo de Gustave Courbet.
En
1883,
tuvo una exposición en
Madrid,
España
en
la que
presentó obras de
estilo realista, así como composiciones realizadas con manchas de color.
Oller
recibió el
reconocimiento de
la Infanta María Isabel, quien compró varias de las obras.
Oller era un realista que hizo mucho para modernizar el concepto del arte.
Su pintura EL Velorio
(1893), aproximadamente cuatro por seis pies,
presenta la mezcla del luto y las festividades que solían seguir la muerte
de un jíbaro.
Se trata de una visión de la sociedad puertorriqueña que provocó muchas
críticas por su contenido.
Primero fue exhibido en La Habana, y más adelante en
París. Finalmente se convirtió en propiedad de Federico Degetau
quien lo legó a Universidad de Puerto Rico, donde ahora cuelga.
Oller
es el único pintor
latinoamericano que participa en la revolución impresionista, e introduce
ese estilo en España.
En sus bodegones de frutas nativas,como
sus guayabas y pajuiles capta la atmósfera del trópico y testimonia
el Puerto Rico en el que vivió.
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